Los peligros de firmar en una pantalla

¿Firmarías un documento completamente en blanco a petición de una persona a la que acabas de conocer?
Yo lo he hecho tres veces en los últimos dos meses.

 

La progresiva colonización tecnológica de todos los ámbitos de la vida cotidiana, aunque indudablemente resulta muy beneficiosa, muchas veces conlleva riesgos que no nos planteamos o de los que ni siquiera somos conscientes

Desde hace algunos años, cada vez se ha ido extendido más el uso de pantallas o tabletas electrónicas que recogen la firma realizada de forma manual y se encargan de digitalizarla, especialmente por parte de entidades bancarias.

El problema es que, a diferencia del papel contante y sonante, donde el interesado puede comprobar los términos exactos de lo que está aceptando con su firma, en el caso de las dichosas tablets o pantallas, uno rubrica sin conocer exactamente a qué está dando el visto bueno.  En algunos casos la entidad no proporciona, motu propio, una copia de lo firmado y hay que solicitarla, lo que inevitablemente provoca miradas cargadas de suspicacia por parte de empleados a los que les duele el alma por tener que sacar una copia…

No existe vinculación entre firma y documento

Siempre que firmo en una pantalla no puedo evitar que me entren las dudas y pienso que entre el documento que me dicen que voy a firmar, y donde efectivamente aparecerá mi garabato, puede haber diferencias sustanciales. Podría ser muy fácilmente alterado. Puestos a hacer conjeturas, también se me pasan por la cabeza posibles utilizaciones posteriores no autorizadas de mi firma digitalizada.  Mejor no pensarlo.

Es decir, que la reproducción de esa firma puede ser auténtica pero eso no presupone la aceptación plena del documento en el que se ha insertado.  Desde un punto de vista jurídico, podríamos señalar que no es posible una vinculación directa entre la firma digitalizada y el contenido del documento, como sí ocurre con una rúbrica manuscrita.

La normativa española vigente en este aspecto, es la Ley 59/2003, de Firma Electrónica. En su artículo 3 “Firma electrónica y documentos firmados electrónicamente” distingue entre varios de estos nuevos tipos de firma.  Concretamente habla de tres: firma electrónica (a secas), firma electrónica avanzada y firma electrónica reconocida.

Según la definición que ofrece la normativa, es la primera definición, la firma electrónica, la que se correspondería con esa rúbrica digitalizada que se recoge a través de pantallas y tablets. “La firma electrónica es el conjunto de datos en forma electrónica, consignados junto a otros o asociados con ellos, que pueden ser utilizados como medio de identificación del firmante”.

Por su parte, la firma electrónica avanzada “es la firma electrónica que permite identificar al firmante y detectar cualquier cambio ulterior de los datos firmados, que está vinculada al firmante de manera única y a los datos a que se refiere y que ha sido creada por medios que el firmante puede utilizar, con un alto nivel de confianza, bajo su exclusivo control”.

Como puede comprobarse, nada que ver con la desconfianza que, como he expuesto en líneas anteriores, me genera la firma digitalizada o firma electrónica, a secas.

El tercer concepto, según la ley es la firma electrónica reconocida, que es “la firma electrónica avanzada basada en un certificado reconocido y generada mediante un dispositivo seguro de creación de firma”, que tendrá, respecto a los datos consignados en forma electrónica “el mismo valor que la firma manuscrita en relación con los consignados en papel”.

Es decir, que la única firma que equivaldría en igualdad de condiciones a la firma en papel sería la firma electrónica avanzada, que garantiza que ha sido creada por medios bajo el control del firmante, como por ejemplo, el DNI electrónico, que permite generar, mediante la instalación en el ordenador de un certificado digital, así como la generación de claves de firma públicas y privadas, una firma electrónica de estas características.

¿Quiere esto decir que la firma digitalizada o electrónica no tendría validez?

Pues según la normativa “no se negarán efectos jurídicos a una firma electrónica que no reúna los requisitos de firma electrónica reconocida en relación a los datos a los que esté asociada por el mero hecho de presentarse de forma electrónica”.

Y a continuación, se indica que “cuando una firma electrónica se utilice conforme a las condiciones acordadas por las partes para relacionarse entre sí, se tendrá en cuenta lo estipulado entre ellas”.

En fin, que a mi modo de ver, la ley genera serias dudas respecto a la validez o no de la firma digitalizada.  Está claro que no tiene una validez jurídica plena, pero tampoco niega efectos jurídicos, cuando así lo hayan acordado las partes para relacionarse entre sí.  ¿Qué efectos tiene entonces?

Supongo que en alguna de las innumerables páginas de letras a cuerpo 3 que embellecen la parte trasera de los contratos bancarios posiblemente figure esta cláusula.  Pero… ¿tenemos alguna capacidad real para negarnos a aceptar una condición que nos impone un banco? Y si lo hacemos ¿podremos encontrar alguna entidad bancaria que no haga lo mismo?

Retomo en este punto la pregunta con que encabezo este artículo. Dos de esas personas que me pidieron que firmarse una “pantalla” en blanco eran fontaneros y la otra un instalador de fibra óptica. Cuando terminaron de hacer su trabajo, todos ellos me presentaron la pantalla de un móvil o minitableta electrónica y me pidieron “una firmita”.

Cuando, ya por costumbre, les pregunté qué estaba firmando exactamente, la respuesta fue unánime:  “Esto no es nada, no tiene ninguna importancia, es solo…”

Así que…  ¡qué remedio!. Tracé un garabato con desgana por no hacerles la puñeta y por ahorrarme nuevas miradas suspicaces.

En sus dispositivos, esas personas con las que compartí apenas media hora de mi vida se llevaron, junto a mis datos personales, mi firma digitalizada.

¿Un moderno folio en blanco?

 

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio utiliza cookies para facilitar la navegación por el mismo Puedes consultar aquí nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies