A los periodistas no nos gusta dar malas noticias

No todos los periodistas somos iguales. De hecho, somos bastante distintos unos de otros, como ocurre con el resto de personas no-periodistas.

Sin embargo, a veces se tiende a generalizar, a juzgarnos a todos como buitres carroñeros que vivimos de explotar las miserias de los demás, de sonsacarles hasta el último jugo en forma de información, de regodearnos en los aspectos más truculentos de un suceso…

No niego que haya periodistas así. Que viven de y para la sangre. A quienes les importan una m—– los sentimientos de los familiares y víctimas. Que se olvidarán completamente de ellos en el instante en que se apaguen los fotos, porque han dejado de serles útiles.

Pero no creo que la mayoría seamos así. De verdad. No lo creo.

No es la primera vez que acudo a cubrir una información y me encuentro con un ambiente completamente hostil, en el que resulta muy complicado trabajar. El periodista es el enemigo y hay que tratarle como a tal.

Solo una persona que hace su trabajo

Me imagino que el ambiente en el que han trabajado los compañeros estos días en Cataluña no ha sido nada fácil. Son situaciones en las que mantener la neutralidad es muy complicado. El ambiente está muy caldeado y, a menudo, la gente se olvida de que el periodista no es el medio (de comunicación). Es solo una persona que intenta hacer su trabajo lo mejor posible.

A menudo pasas de un bando al otro (y no me refiero solo al tema catalán sino a situaciones de enfrentamiento o división social, por el motivo que sea) y acabas estando de acuerdo con todos. Entiendes y compartes los respectivos argumentos. Todos tienen parte de razón.

Y aunque ponemos todos los medios para evitarlo, las informaciones SÍ nos afectan. No somos máquinas. Hay muchas informaciones que NO nos gusta cubrir.

Pero afortunadamente ahí está el Derecho a la Información y el mundo es que el es. Nos guste o no nos guste. Toca hacer de tripas corazón y ponerse manos a la obra, a informar.

Gracias a ello salen a la luz noticias que permiten poner un poquito de orden, que provocan reacciones, que indignan, que mueven a la acción.

Se te quitan las ganas de leer

Ayer terminé el día con una profunda tristeza por tres informaciones que leí en El País. Como digo, las informaciones nos afectan y, en ocasiones, se te quitan las ganas de leer.

Los tres artículos giraban en torno a un mismo tema, el acoso sexual a las mujeres y, desde un punto de vista noticioso, resultaban tremendamente impactantes.

En los tres casos un hombre tuvo la desfachatez de considerarse con el derecho a abusar de (o incluso violar) a algunas de esas mujeres.

En el primero de los casos se trata de un médico… ¡UN MÉDICO!  Al que le dio por masturbarse frente a una paciente mientras pasaba consulta en una localidad de Salamanca. No creo que sea la primera vez que lo hace. Aunque espero que sea la última. La víctima tuvo el coraje de grabarle y, gracias a esa prueba, ha sido suspendido de empleo y sueldo por Sanidad.

La segunda de las noticias, extremadamente surrealista y desagradable, ha ocurrido en EEUU y trata sobre el caso de un juez, que ha otorgado la custodia compartida de un niño, fruto de una violación, al violador.  Pero si la noticia suena horrible, los detalles lo son aún más. El agraciado con la custodia, por un proceso burocrático en el que a nadie se le ocurrió examinar el expediente, violó a la madre cuando ésta tenía ¡12 AÑOS! y la mantuvo cautiva durante dos días.

Lo más horrible de esta noticia:  el violador estuvo preso durante… seis meses. Sí, repito, seis meses.

Un muro de silencio

Y la tercera de las informaciones. También en EEUU. Afecta a las mismísimas Angelina Jolie y Gwinneth Paltrow, entre otros muchos cientos de actrices y modelos. Se trata del escándalo en torno al productor Harvey Weinstein, que, al parecer, se ha aprovechado durante años de su posición de poder para abusar de las aspirantes a estrella.

Lo peor de este caso es el muro de silencio tejido en torno al caso. Muchos en Hollywood sabían lo que ocurría pero o no se atrevían a denunciar o a enfrentarse al todopoderoso productor o, peor todavía, le prestaron su apoyo. Actores y actrices consagrados. Cómplices con su silencio.

Una de las actrices que sufrió los abusos, Rose McGowan, explicó que no había acudido a las autoridades porque todo el mundo le dijo que jamás podría ganar.

Creo que son tres casos que ejemplifican perfectamente lo inhumanamente complicado que es, en ocasiones, para las mujeres enfrentarse al sistema que sustenta y permite todo esto.

Todo un sistema que ampara a un médico que utiliza su consulta para abusar de una paciente indefensa, unos jueces que, no contentos con dejar en libertad a un violador de una niña de 12 años, acaban otorgando la custodia al delincuente o un productor de Hollywood -lo que equivale a decir casi un Dios en la meca del cine-, un depredador sin escrúpulos que no duda en acallar los rumores a golpe de talonario, o bajo la amenaza de acabar de un plumazo con la carrera de una estrella.

Día Internacional de la Niña

Y, aunque afortunadamente estos casos han salido a la luz, y han obtenido la condena social -y mediática- todavía hay miles, cientos de miles, quizá millones de mujeres, en el mundo, que guardan silencio.  Temen que nadie las crea, temen el rechazo, la vergüenza, el estigma.

En el Día Internacional de la Niña, menos fotos, menos autocomplacencia, menos bonitos mensajes y mayor contundencia, más recursos.

Pero sobre todo apoyo y respaldo. Y protocolos que pongan en marcha de forma automática una investigación cuando una mujer presente una denuncia.

Porque ninguna mujer disfruta pasando por el trago de ofrecer los detalles de una situación de abuso, violación o acoso. Y ya no digo si hablamos de una niña completamente indefensa.

 

No. A los periodistas no nos gusta dar malas noticias. Pero alguien tiene que hacerlo.

 

 

 

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