La banalización de la prensa digital

En la facultad aprendimos algunas cosas que no se borran fácilmente de la memoria. Como que el periodismo tiene como finalidad informar, formar y entretener.

El mejor oficio del mundo, en palabras de García Márquez,  se ha caracterizado generalmente por la primera de sus funciones, la información.  Es su razón de ser, su objetivo esencial y leitmotiv.

Esa información también debe estar encaminada a la formación, a la instrucción del lector como ciudadano responsable.  Es decir, que la información no debería ser aséptica o, como creen muchas personas, completamente objetiva.  La información que ofrecen los medios es útil porque permite al lector o espectador entender el mundo un poquito mejor y, ya que nos ponemos, implica una orientación en la toma de decisiones.

En función de su propia ideología, actitudes, creencias, el receptor o público elegirá entre unos y otros medios de comunicación, aunque a veces no está nada mal hacer de tripas corazón y cambiar el enfoque. Resulta una práctica muy instructiva.

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Una información completamente aséptica se limitaría, estos días, a dar cuenta de la última barbaridad que ha salido de los labios o la cuenta de twitter de Donald Trump. Una información honesta y responsable contrastará esa información, investigará sobre la realidad, antecedentes… en relación con el asunto en cuestión y como propina advertirá al lector sobre los peligros futuros que implican las afirmaciones del presidente norteamericano. Sin sensacionalismo, pero con realismo, evitando caer en visiones sesgadas que podrían producirse, por ejemplo, en el caso de criticar a Trump por sistema, como una costumbre establecida.

Nutrida presencia de ex-políticos

Otra información aséptica se limitará estos días a dar cuenta de la subida en el precio de la luz y cómo han influido en este vertiginoso ascenso factores como la escasez de lluvias, la paralización de centrales nucleares en Francia o el hecho completamente casual de que la última central que oferta marca el precio de todas las demás en ese día.

Una información honesta y responsable investigará no solo las causas directas y recientes sino los motivos más recónditos que han llevado a nuestro sistema energético a ser el que es; buscará el porqué y el cómo hemos llegado hasta aquí e intentará aclarar a quienes beneficia esta situación.

Como muestra, dos botones, muy distintos,  a la hora de enfocar esta información sobre la vertiginosa subida del precio de la luz:

http://www.abc.es/economia/abci-disparado-precio-electricidad-201701182201_noticia.html

http://www.eldiario.es/economia/respuestas-espectacular-subida-luz_0_603340536.html

Lo cierto es que no me he complicado demasiado y he optado por dos ejemplos -Trump y la luz- bastante facilones. Hay otros supuestos mucho más complejos pero no quiero extenderme más. Donde realmente me dirijo es a la utilidad de la prensa como medio para informar y formar.

Prensa y telediarios con poca sustancia

Esta tarea de formar también se puede observar en informaciones o noticias que publican los medios y que permiten aprender cada día algo nuevo. Conocer más y mejor nuestro mundo a través de reportajes e informaciones sobre ciencia, tecnología, salud, nutrición, legislación, cultura…

Es una de las utilidades de la prensa que más me fascina. Cada mañana abría -y abro- la prensa esperando aprender cosas nuevas.

Como que casi 17.000 objetos de basura espacial rodean la tierra. Que orinar en la piscina produce un compuesto usado en la guerra química. Que el cerebro no se recupera nunca de la exposición a la pintura o el pegamento. O que el 70% de las trabajadoras del mundo no tiene un permiso pagado de maternidad. Y así miles de informaciones más.

Desgraciadamente, en la prensa están perdiendo terreno las funciones de formar e incluso de informar, en favor del fin entretener. Cada vez el periódico y el telediario tienen menos sustancia, cada vez sus contenidos resultan más banales, intrascendentes aunque ciertamente debemos reconocer que son muy entretenidos e incluso morbosos.

Como consecuencia de la crisis en el sector periodístico, se ha reducido el volumen y calidad de las informaciones (y eso que Internet ha eliminado el factor coste del factor espacio del papel en la prensa escrita).

Por su parte, cada vez el lector le pide menos a sus periódicos, a sus periodistas. No interesan tanto los análisis profundos o la información pura y dura como la noticia sensacionalista, intrascendente y, si es posible, con un titular llamativo o intrigante (clickbait). Vivimos un momento en el que reinan las noticias triviales, livianas y ligeras, por no decir puramente escandalosas.

Y si añadimos al titular algún término relacionado con el sexo, éxito asegurado. No me resisto a picar ni yo misma. Algunos incluso han sabido aprovecharse de este fenómeno, con gracia.

http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/07/18/catalunya/1405720552_275248.html

Veamos las noticias más leídas o vistas en diversos medios de comunicación digitales un día cualquiera del pasado mes de enero de 2017 (día cualquiera en el que se acentuó especialmente esta tendencia hacia la banalización de contenidos, lo que me encendió la bombillita para escribir este artículo).

Tan solo se salva de este fenómeno El Diario, frente a lo que ocurre con El País, El Mundo, El Confidencial o ABC.

 

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En mi cuenta de twitter suelo compartir las noticias más interesantes del día, noticias que no suelen ser portada o tema principal del telediario, pero que sin duda se merecen una segunda vida.

Analizo frecuentemente cuales son los tweets más vistos y en función de ello comparto con mis seguidores. Echando la vista atrás he podido comprobar que cada vez en mayor medida tuiteo noticias que siguen esta senda de la banalidad, intrascendencia, morbo o dramatismo, en detrimento de contenidos muy interesantes y currados por el periodista, pero menos llamativos y, consecuentemente, pinchados  y leídos.

Un gran dilema que no es nuevo. Actuar exclusivamente en función de lo que pide la  audiencia o incorporar criterios periodísticos de mayor calidad, aunque ello implique la pérdida de parte de esa audiencia en favor de otros competidores menos escrupulosos.

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